Tras los pasos de Patxi
López, contrario pero antaño aliado de los suyos en el País Vasco,
Núñez Feijóo anuncia elecciones anticipadas también para el 21 de
octubre. Afirma que es lo mejor para Galicia pero...¿Qué supone
este adelanto electoral en la práctica?
Para empezar, el hecho de
evitar que el nuevo gobierno tenga que lidiar con unos presupuestos
ajenos (lo que sucedería si se celebrasen en 2013) conlleva también
una ralentización de los procesos de decisión, que afectaría por
ejemplo a la convocatoria de oposiciones si eso llegase a suceder o
la oferta de cursos para parados (este año 2012, por ejemplo, fueron
pospuestos hasta mayo, dos meses más tarde de lo habitual).
Para la oposición (que
aun habiendo reclamado adelanto electoral en el pasado, no contaba
con ello) esto cierra la puerta a unas posibles elecciones
primarias en el PSOE gallego. También agota el tiempo de los nacionalistas escindidos
del BNG y pilla a Mario Conde empezando a entrenar para la carrera,
con una base electoral poco o nada establecida, por lo reciente del
anuncio de la fundación de su propio partido. No hay que leer muy
entre líneas para entender que Feijóo ha intentado dejar a la
oposición (peligrosa, ya que no sería la primera vez que una
coalición es el resultado de miles de gallegos pidiendo un cambio)
con las cosas a medio hacer para evitar que partan con algún tipo de
ventaja. La planificación electoral también trata de eso.
Cabe destacar también
que la última semana de campaña coincidirá con el inicio del
juicio del Prestige. ¿Habrán olvidado los gallegos? ¿Será este
juicio un recordatorio de gestiones pasadas? La mayoría de los
habitantes de localidades costeras viven del mar y se vieron
afectados por aquellos “hilillos de plastilina” que destrozaron
gran parte del ecosistema marino gallego y afectaron a parajes como
el Parque Nacional de las Islas Atlánticas. No parece fácil olvidar
la tragedia que tiñó de negro esta nuestra tierra y las
manifestaciones que al grito de “nunca máis” denunciaban una
gestión de crisis, cuanto menos, mejorable.
Habrá que esperar para
ver qué piden los gallegos, qué necesitan y qué votan. Porque en
la voluntad electoral las estrategias del “timing” no mandan
tanto. En un panorama en el que la sanidad pública gallega no pasa
por su mejor momento, me permito recetar a Feijóo una buena
comunicación de crisis, al PSOE, una decisión rápida pero
coherente, al BNG que piense en los electores nacionalistas que ven
al partido como la única posibilidad (alguien me dijo alguna vez
“Galicia necesita un buen partido nacionalista, el Bloque no es el
mejor de los posibles, pero es el que hay, por eso hay que votarles, para
que lleguen a ser todo lo que deben”) y al resto de partidos, que
piensen cuando no hay nada que perder, solo queda mucho por ganar.

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