Hace muchos años que esquío. Siempre he dicho que es un deporte de confianza, confías en extraños, confías en que el que va detrás no te atropelle, o que no aparezca alguien de la nada y te derribe, confías en el diferente (el snowboarder), en que a pesar de su temeridad sepa esquivarte y no te lleve por delante. ¿Por qué? Porque no puedes pasarte la pista mirando atrás. Es más, si miras atrás por más de dos o tres segundos, acabas en el suelo. Tienes que fiarte del contexto y preocuparte de controlarte a ti mismo, por ti y también con respecto a los demás. Y siempre, siempre, mirar hacia adelante, mirar lejos, para visualizar a tiempo cualquier obstáculo y pensar en cómo evitarlo.
No sé si Mariano Rajoy ha esquiado alguna vez (Aznar sí, aunque el esquí de fondo es otra cosa), pero le recomiendo que metafóricamente lo haga. Lo importante es salir de la crisis ¿no? Pues no vale “la nieve está demasiado blanda porque antes han pasado otros por aquí”, ni “los demás esquiadores son unos torpes”, ni “los de las tablas de snow son unos locos kamikazes”. Mientras pensamos eso, vamos al suelo de cabeza. El contexto es difícil, lo sabemos. ¿La “herencia” es dura? Siempre lo es, al menos en este caso no hay sorpresas, lo peor son las herencias envenenadas, las que estallan en determinado momento pero que llevaban la mecha prendida desde hacía tiempo y se les había estado echando más pólvora durante años.
Miremos adelante, porque es el único camino. No nos estrellemos, al menos no por estar tan pendientes de lo de atrás que nos perdamos los obstáculos o (peor) perdamos nosotros mismos el equilibrio.
Contemos otra vez. Uno...y dos. ¿Y los otros 40 millones? Algunos han llegado por correo, menos del 50% ya están en las urnas... El porcentaje que queda sigue siendo suficiente para cambiarlo todo. Nada está escrito. Tres horas y media para cuatro años. Que valga la pena.
"La que nos espera". Son las cuatro palabras que más he leído y escuchado desde que a finales de julio se anunciase el adelanto electoral. Cada día más gente las utiliza para cerrar una conversación sobre política, economía, sanidad, educación... Sirven como comentario a cualquier noticia.
Se supone que expresan un descontento por el que será el resultado de las elecciones del próximo domingo. No es una persona, ni dos, ni tres. Si tanto miedo hay a la que (según las encuestas) nos espera, ¿no deberá reflejarse en las urnas? ¡Aún no ha sucedido! Cada una de esas personas tendrá un sobre con una papeleta elegida personalmente, y la suma de todos esos votos es lo que dará el resultado, no las encuestas. Nunca se sabe. Si todos los que quieren evitar lo que temen ponen su voto, se evitará. Lo que suceda el día 20 es responsabilidad nuestra (se supone que ya no van a perderse papeletas, ni van a votar los muertos...), así que está en nuestras manos.
Luego pasa como en las municipales, había muchísima gente descontenta con cómo quedaron repartidos los colores en España, pero resulta que nadie les votó. ¿Ah, no? ¿Y entonces? ¿Cómo ganaron? Eso en mi carrera se llama espiral del silencio. Y el silencio no nos va a regalar nada.
El domingo tendremos lo que merecemos, al menos lo que la mayoría considere que merecemos. Pero esa mayoría no existe todavía, aún está por crear. Así que...la verdad estará ahí dentro, dentro de las urnas.
Hasta ahora no he analizado los lemas electorales por un motivo: quería saber cuánto peso real podían tener en la campaña y en qué efectos prácticos se notaba. La respuesta es... Prácticamente nada. No es una sorpresa, como ya expliqué justo antes de empezar la campaña oficialmente, llevamos unos meses de campaña permanente que hacen al público bastante impermeable a estas cuestiones. Lo que se comenta en la calle es lo que no dicen tan claramente los candidatos: el futuro. "Van a quitar la Ley del Aborto", "se va a poder fumar de nuevo en los bares"... Hay optimistas: "vamos a salir de la crisis"; pesimistas: "nos van a echar de la Unión Europea"; aparecen planes migratorios... Cada uno presta atencion a lo que más le interesa, dejando las frases de los carteles en un segundo plano (por no decir en un plano fondo).
(No puedo analizar absolutamente todos los lemas de los partidos porque no acabaría nunca, así que he escogido los que más presencia han tenido en los medios y en las redes sociales, al fin y al cabo, la idea de esto es ver cuánto han calado y de qué manera)
Comenzamos con el candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba
"Pelea por lo que quieres" es un lema bastante poco convencional. Sus detractores comentan que es como decir a los ciudadanos "hala, sacad vosotros las castañas del fuego". Viniendo de un gobierno que ha tenido descontento a un gran porcentaje de la población, no parece un buen lema pero ¿es acaso realista hacer promesas? Las promesas electorales tienen que ser las apuestas más altas, un puede ser "reduciré un punto la prima de riesgo", sino "el cobrar sueldos mínimos se va a acabar", y el contexto no es el mejor para decir esto. Para lo único que ha servido la frase es para hacer el juego de "normal que estuviese tan exhaltado en el debate, si su lema es ese".
Un comentario sobre el cartel, el hecho de situarse en un escenario poco habitual capta la atención del que ve el cartel en la calle, por ejemplo. Plasmar un baño de masas, sin embargo... Es un arma de doble filo. Está bien presentar al candidato como un líder posible, pero quizás esa imagen debería poder ser transmitida de otro modo. Además, algunos se burlan de la pose de estrella que adopta el candidato, como si fuese una estrella de rock que viene a dar un concierto. "¿Has escuchado el último single de Rubalcaba?" "Sí, una letra con mensaje...electoral".
Por último, un detalle llamativo, y es la firma del candidato en las redes sociales como RcBc. ¿Un guiño al ZP de hace siete años?
Pasemos a la oposición, Mariano Rajoy en la campaña del Partido Popular
Esto no me llevará mucho tiempo... Porque una palabra lo define: Clásico. Lo cual resulta contraproducente leyendo "Súmate al cambio" (parece que ellos se han sumado al "change" que tan bien le funcionó a Obama en 2008). Una imagen momentánea no es tan difícil de conseguir, y al PP le vendría muy bien luchar contra la la visión de "partido anclado en el pasado" que sus no-votantes tienen de ellos. Su suelo electoral está ahí, y a ellos les da igual al campaña porque su voto lleva decidido años, pero en esta oportunidad que tienen de captar indecisios, dado el descontento general con su principal oponente, deberían haberlo hecho mejor, podían permitirse arriesgar, no tenían nada que perder y sí mucho que ganar.
Por cierto ¿qué ha sido del color naranaja corporativo que utilizaron durante una temporada? Sumarse al cambio en un mar de azul cielo, el que tradicionalmente se asocia al PP parece raro, era una ocasión perfecta para utilizar el naranja.
Del azul y el naranja pasamos al rosa, a Rosa Díez, máxima representante de UPyD
Rosa, vestida de Rosa, recordándonos lo que ya sabemos pero no siempre tenemos en cuenta. "Cada voto vale", directamente al corazón (bueno, a la razón, más bien) de todos aquellos de "yo no votaría ni al PP ni al PSOE pero votar a otros es tirar el voto". Un voto nunca se tira, y la suma de uno, más otro, más otro, más otro... Es lo que hace lo que UPyD busca: un mejor reparto de la tarta política, rompiendo el bipartidismo.
La unión de Izquierda Unida y los Verdes da como resultado un guiño a los indignados
(la imagen es de la campaña en la Rioja, pero plasma muy bien el mensaje que quieren transmitir)
Inteligente le mezcla de los dos colores, aunque quizás recordar la bandera de Portugal no es adecuado en los tiempos que corren... En cualquier caso, contraponer sutilmente economía y democracia surte efecto porque el pensamiento generalizado de "vamos a estar al mando de Francia y Alemania" hace que se busque una salida. Además, ese "Rebélate!" tiene un interesante paralelismo con el "¡Indignaos!", el libro de Stéphanie Hessel que ha tenido un gran peso en el movimiento 15M y en todo lo que vino a continuación.
En una línea de campaña similar tenemos a EQUO, el partido más joven de los que están teniendo notoriedad en las redes. Su lema de campaña es "Reinicia" y su imagen es un desarrollo de esta apelación.
En cuanto lo vi, inmediatamente se me vino a la mente esta imagen de las manifestaciones del 15M
Los guiños a los indignados proliferan en las campañas de los partidos no mayoritarios y eso está bien, dado que los indignados representan una fuerza social cada vez mayor, digna de ser tratada al nivel de la "mayoría". Indignados somos todos.
Finalmente, la fuerza más fuerte en el ámbito autonómico en el que me sitúo. Bloque Nacionalista Galego
(no pude encontrar una imagen completa con una buena definición, así que lo que veis aquí es el banner de su web)
Destaca ese "te defende" (suena rarísimo, es gallego normativo, pero no es el que se habla en la calle) como una manerda de decir "¿quién mejor para gobernar por y para Galicia que los gallegos?". "O voto útil" me recuerda a la Aritmética 20N de la que hablé el otro día. La verdad es que votar al BNG en Galicia es la mejor forma de romper el bipartidismo desde aquí. Hay varias localidades gobernadas por ellos, la gente ya ha podido comprobar cómo defienden los suyo. Pero el batacazo del bipartito en Galicia (2005-2009) que dió de nuevo la mayoría absoluta al Partido Popular podría ser percibido como una señal de que algunas cosas le vienen demasiado grandes. Las ideas están bien, el planteamiento es correcto, pero falta algo más. Un votante del partido me dijo una vez "Galicia necesita un buen partido nacionalista. El Bloque no lo es de momento, pero es lo que tenemos, así que le voto con la esperanza de que llegue a serlo".
¿Conclusión? La sabremos dentro de unos días...
Para finalizar, una parodia de Vaya Semanita (de hace años ya, pero sigue siendo aplicable a la actualidad) sobre en qué se ha convertido la campaña electoral. Y es que entre broma y broma, la verdad se asoma.
Hace unas horas apareció este vídeo de campaña negativa del PSOE:
Ante esto, el Partido Popular podía haber guardado silencio y seguido con su campaña o podía haber respondido de muchas maneras: parodiando el vídeo, respondiendo a esas preguntas, etc. Y, sobre todo, podía haber esperado. Muchas veces tendemos a pensar que el tiempo juega en nuestra contra, especialmente en casos de campaña negativa o comunicación de crisis, pero no siempre es así. No es necesario responder al minuto, especialmente si la contestación que se pretende dar es algo más que "estamos trabajando para ofrecer a los españoles alternativas y no vamos a entrar en juegos de contracampaña". Si se entra en el juego, hay errores que no se deben cometer. Y las prisas suelen ser el imán perfecto para estas equivocaciones.
Esta fue la respuesta del Partido Popular:
Primer error: el copia pega de las grabaciones. Sí, es para demostrar que son sus declaraciones, pero resta naturalidad al spot.
Segundo error: Es irreal. Nadie se sube a un taxi y llega a semejante profundidad de conversación con el taxista en unos segundos. En este sentido, era más creíble y efectivo el de las chicas hablando en una cafetería (año 2008), mantentiendo la intriga y con una conversación que podría darse más fácilmente en el contexto. Para quién no lo recuerde, aquí lo dejo:
Tercer error: los tópicos. El "típico" taxista que opina de todo y de todos con la COPE puesta a todo volumen es ya un personaje en el imaginario colectivo. Haber situado la conversación en ese contexto es una apuesta desafortunada ya que se presta a críticas fáciles.
Cuarto error: responder (inmediatamente). Como ya dijimos, se podía haber contestado de otra manera, planificando bien las acciones y sin precipitarse. Pero quizás lo más adecuado hubiese sido no responder directante, dar la vuelta a la tortilla alegando que en el PSOE se preocupan más de manchar la imagen de Rajoy que de limpiar la suya, que desde el PP se trabaja para los ciudadanos y eso es lo que están haciendo en vez de hacer vídeos de contracampaña o cualquier otra fórmula de ese estilo. El equipo decidió que era mejor contestar, y de esa manera, respetable pero no sé si efectivo. A veces es mejor pasar palabra y dejar que los hechos hablen por sí solos.
Estos días está dando muchas vueltas la iniciativa ciudadana llamada AritmÉtica 20N. El objetivo es impedir una mayoría absoluta (para el PP, dados los resultados de las encuestas) y romper la hegemonía PP – PSOE – CIU, los partidos con más votos. Para ello la idea es votar al partido más fuerte (sin incluir los anteriormente citados) en cada circunscripción electoral (hay una tabla detallada en su blog; por ejemplo, en el caso de Ourense el partido a votar sería el BNG). Con estoy se conseguiría que “no les saliesen los números” y estuviesen ocupados en pactar, mientras la ciudadanía continúa su r-Evolución.
De esta manera, también los abstencionistas y los partidarios del voto en blanco estarían poniendo de manifiesto su opinión de una manera más útil, sin favorecer al bipartidismo.
Esta campaña llega en un año intenso en cuanto a movimientos sociales, así que si en algún momento pudiese funcionar, sería en este.
No es la primera movilización de este tipo. Corrientes como la del voto en blanco llegaron incluso a dar lugar a un partido, el Partido Escaños en Blanco (que dejaría vacía la silla correspondiente en el Congreso o el Senado).
A pesar de que el voto en blanco (tradicional, de sobre vacío) favorece a los partidos mayoritarios, muchos nos hemos preguntado alguna vez ¿qué pasaría si toda una ciudad votase en blanco”. Saramago nos lo contó en “Ensayo sobre la lucidez”. La gran cantidad de votos en blanco hizo que el alcalde convocase unas nuevas elecciones una semana más tarde, lo cual solamente consiguió aumentar el porcentaje de este tipo de voto. De esta manera se emprenden diversas investigaciones y acciones (algunas de ellas reprobables) con el fin de comprender el fenómeno, pero sobre todo movidas por el miedo a una revolución pacífica de unos ciudadanos cansados de la misma política de siempre.
Dicen que la realidad siempre supera a la ficción. Puede que el 20N nos llevemos una sorpresa. De todas maneras, pase lo que pase, las intenciones e ideales que se llevan moviendo cada vez con más fuerza estos últimos meses deberían ser motivo de reflexión y análisis acerca de cómo se están haciendo las cosas “en las altas esferas”, sin esperar a un resultado electoral que puede suceder o no. La revolución está cada vez en más corazones y eso es algo que no se puede ni se debe frenar.
Ayer, como millones de españoles, vi el debate en televisión. Y como millones de españoles y también extranjeros, lo viví en twitter. Fue lo más parecido a verlo en pantallas gigantes en la plaza del pueblo, pude leer (y escribir, no fui solamente observadora, me pierde la libertad de expresión) las impresiones del "público" al momento.
¿Qué es lo que más destaca la gente? El nivel de patio de colegio que se alcanzó en algunos momentos. Si bien es normal alguna interrupción o interpelación dentro del debate, alguien debería contar los minutos que pasaron hablando a la vez. Ese tiempo se podía haber aprovechado para hablar de temas que importen a los ciudadanos, no para "usted miente", "escúcheme", "no, no, no", "sí, sí, sí" y demás palabras que solo son eso, palabras, no mensaje.
Que si Rubalcaba estaba nervioso (no es fácil tampoco ser candidato del partido gobernante y defender el fuerte, la oposición parte con ventaja en estos casos siempre, nunca hay un gobierno perfecto), que si Rajoy leía mucho (no podía ser de otra manera, el fallo estaba en la cantidad de datos que daba, muchos españoles hubiesen preferido otra manera de contar las cosas), que si el moderador estaba hierático... Impresiones compartidas por muchos usuarios de las redes sociales, pero hubo más detalles llamativos.
El terrorismo, por ejemplo, tema de campaña siempre, no salió hasta el segundo bloque, y más cerca del final que nunca. El contexto es mejor que en anteriores elecciones. Por suerte, ambos candidatos se mostraron de acuerdo en colaborar para el fin definitivo de la violencia. Pero el tema no dió más de sí.
En temas de sanidad y enseñanza, que preocupan a los españoles a causa de los recortes que se están realizando y que pueden seguir aplicándose tras el 20N, los ciudadanos nos quedamos como estábamos. Muchos "usted no me entiende", "usted dijo", "yo no dije" pero seguimos sin saber qué va a pasar.
Quizás también sea porque en ese apartado del debate se habló de economía. Y en todos. Está claro que es el tema que más preocupa a los españoles, pero tuvo su momento, los ciudadanos también querían oír hablar de otras cosas. Citando a Rubalcaba "los cinco millones de parados esperan que usted y yo les digamos algo más que que están parados". Sí, pero eso no pasó. La "clase de economía" que, según el candidato socialista, Rajoy estaba impartiendo hizo que los comentarios en las redes sociales se tornasen en preguntas como "¿qué son los activos tóxicos?". Y es que en determinado momento el nivel de la conversación subió hasta un extremo indignante si tenemos en cuenta que la vida cotidiana de la mayoría de los españoles depende de las gestiones económicas del futuro gobierno pero no se estaba entendiendo nada.
Clases de historia, también. Tanto Rubalcaba para contextualizar la crisis como Rajoy para argumentar en casi todo volvieron al pasado (llegando hasta 1992, un salto de veinte años nada menos) constantemente. Pero el público no quería oír hablar de pasado, sino de futuro. Lo que ya ha sucedido no se puede cambiar, lo que sí puede elegirse es el futuro, pero si no nos dan datos, es difícil hacer una elección racionalmente fundamentada.
Se comentaba por las redes que se echaba en falta a la niña de Rajoy. Bien, esta vez la iluminación fue otra. Literalmente. Cuando Rajoy habló de la importancia de las diputaciones provinciales (tema que muchos españoles viven de cerca porque en muchos sitios las diputaciones están haciendo algo más que prestar servicios a los pueblos pequeños, como apuntaba el candidato del Partido Popular), muchos gallegos, especialmente pontevedreses, estallaron en carcajadas al escuchar que él había llevado allí la luz eléctrica. Esa personalización al intentar encaminar su argumento de la utilidad de las diputaciones fue un gran error. Si quería personalizar, no debería haberlo hecho en primera persona. Pronto empezarán a surgir las páginas de facebook (si no lo han hecho ya) como "Na miña casa tampouco tiñamos luz ata que chegou Rajoy" ("En mi casa tampoco teníamos luz hasta que llegó Rajoy"; lo puse en gallego porque algo me dice que muchas de las reducciones al absurdo serán en gallego).
Si bien es cierto que, al menos en Galicia y Pontevedra. no olvidarán esa parte del debate. El tratamiento posterior de esas declaraciones podría incluso revertirlo en positivo si se sabe hacer.
Para finalizar, unos detalles del tratamiento que se dieron entre ellos.
Poco adecuada la intencionalidad maliciosa de Rajoy al llamar "Rodríguez Rubalcaba" a su oponente. Denota desprecio y transmite que piensa que el candidato socialista es "más de lo mismo". En un debate político serio no debería tener cabida el tratamiento negativo hacia el adversario, si hay que atacar, se atacan ideas o hechos, no a la persona.
Por otra parte, peligroso juego el de Rubalcaba hablando (durante el primer bloque especialmente) en futuro y no en condicional, refiriéndose a Rajoy como futuro presidente. Esta táctica puede servir para movilizar a los votantes socialistas para evitarlo, pero también puede traer consecuencias negativas, como la visión del socialista como un candidato que ya se ha rendido.
También fue muy comentada la tendencia de Rubalcaba a preguntar cosas al candidato del Partido Popular, y se le pariodió como un intento de periodista, pero en realidad finalizar sus intervenciones con preguntas a su oponente solo era una forma de llevar el ritmo de las intervenciones de Rajoy si este le contestaba a lo que pedía, controlando así el uso del tiempo del contrario.
Mi opinión es que si ayer a las cuatro de la tarde se hubiese preguntado a la gente "¿quién cree que va a ganar el debate?" y esta mañana "¿quién ha ganado el debate?", en un gran porcentaje de casos la respuesta coincidiría. La mente ve lo que quiere ver. Los que tienen el voto decidido no lo iban a cambiar, buscaban reforzar actitudes. Pero los indecisos que han visto el debate esperando encontrar información que les ayudase a decidir se han quedado como estaban. O quizá no. Quizá han comenzado a plantearse dar su voto a los partidos políticos que no estaban sentados a la mesa ayer por la noche. Y en ese caso, el debate sí ha servido para algo.
Quedan unas horas para el inicio de campaña. ¿Se nota mucho? Pues la verdad es que no... Sí, a partir de las doce de la noche se podrá pedir el voto con esas palabras, pero esta campaña lleva mucho tiempo ya... Y ya hace varias semanas que los candidatos están haciendo apariciones públicas en pabellones y auditorios llenos de ciudadanos... Lo que viene siendo un mítin, pero sin utilizar esa palabra. La campaña continua empieza a ser una realidad.
Esto tiene una parte buena y otra mala. La buena es que por fin dejan de limitarse las acciones y propuestas a unas semanas antes de las elecciones y comienza a hacerse esa campaña continua, que debe ser un apoyo a un buen marketing de gobierno y a una oposición real, que aporte ideas, colabore y cuestione, apoye y critique, y no solamente esto último.
La parte mala es que si ya existe una creciente “impermeabilidad” a la información por parte de la ciudadanía (motivada principamente por una sobreexposición a distintos mensajes, políticos y no políticos), esta campaña regular puede acrecentarla todavía más, y que estas semanas sea más de lo mismo.
Es importante llevar a cabo acciones y proyectar mensajes que distingan ambas fases pero que apoyen todo lo que se ha venido haciendo hasta ahora. Con el tiempo esta tendencia de no enfocar el marketing solo a esas semanas de campaña dura puede mejorar y cambiar el sistema comunicativo en política. Pero esto es solo el comienzo.
Ahora empieza todo.
Y un toque de humor... Lástima que no sea tan diferente de la realidad...
Después de este parón (celebraciones, algún percance de salud, etc.) vuelvo a la carga para la recta final. Se acerca el momento.
Tras el anuncio del cese de la violencia por parte de la banda terrorista ETA las cosas podrían tomar un giro interesante en cuanto a temas de campaña, ya que durante muchos años el terrorismo casi encabezaba las encuestas sobre preocupaciones ciudadanas, situándose entre los cinco primeros puestos, lo que se reflejaba en los programas y discursos electorales.
Pero esta vez todo es diferente porque la economía y el paro forman parte de los problemas a los que cada día se enfrentan millones de españoles, y en esto se centra la pre-campaña, así que no creo que la campaña nos depare sorpresas en cuánto a temas.
No obstante, es innegable que es un paso adelante y que representa algo positivo, se diga lo que se diga, a la larga probablemente se recordará como un avance para la sociedad española (especialmente para los ciudadanos vascos y navarros, que convivieron durante años con esa difícil situación), por lo que podría utilizarse en una sección de campaña positiva. Porque este año es muy posible el predominio de las campañas negativas. ¿Es realmente necesario? Todos sabemos a qué nos enfrentamos cada día, recordarlo constantemente provocará reacciones emocionales sí, pero ¿es adecuado tomar decisiones cuando nos dominan la frustración, la desesperanza y demás sentimientos negativos? ¿Por qué no empezar regalando una sonrisa a los españoles? No hablo de prometer la felicidad (los españoles no necesitan promesas intangibles), ni de negar la situación, pero quizás un toque de luz en una campaña pueda marcar una diferencia interesante. En manos de los responsables de comunicación está.
Ni la corrupción, ni los recortes, ni la burbuja inmobiliaria. Hoy el tema fueron los bancos. Desde las siete menos diez, hora en la que empezaba a congregarse la gente en la Alameda ourensana, se escuchaba hablar de créditos, hipotecas, etc. Y durante todo el recorrido de la marcha ciudadana continuó sintiéndose ese malestar generalizado contra las entidades financiaras, tanto por medio de pitidos y gritos al pasar por delante de las sucursales bancarias, como por las consignas como "al bote, al bote, banquero el que no bote". Hoy los "botes" ourensanos se dejaron sentir por las principales calles de la ciudad hasta romper en aplausos ante el manifiesto en la Plaza Mayor. Estos son nuestros botes, ¿qué pasará con los votos?
Algunas imágenes de la jornada... la situación no es la mejor fotográficamente hablando, pero es la mejor para sentir la manifestación: desde dentro. Esto influye en la calidad, pero creo que en este caso lo que más importa es el concepto.