Hace muchos años que esquío. Siempre he dicho que es un deporte de confianza, confías en extraños, confías en que el que va detrás no te atropelle, o que no aparezca alguien de la nada y te derribe, confías en el diferente (el snowboarder), en que a pesar de su temeridad sepa esquivarte y no te lleve por delante. ¿Por qué? Porque no puedes pasarte la pista mirando atrás. Es más, si miras atrás por más de dos o tres segundos, acabas en el suelo. Tienes que fiarte del contexto y preocuparte de controlarte a ti mismo, por ti y también con respecto a los demás. Y siempre, siempre, mirar hacia adelante, mirar lejos, para visualizar a tiempo cualquier obstáculo y pensar en cómo evitarlo.
No sé si Mariano Rajoy ha esquiado alguna vez (Aznar sí, aunque el esquí de fondo es otra cosa), pero le recomiendo que metafóricamente lo haga. Lo importante es salir de la crisis ¿no? Pues no vale “la nieve está demasiado blanda porque antes han pasado otros por aquí”, ni “los demás esquiadores son unos torpes”, ni “los de las tablas de snow son unos locos kamikazes”. Mientras pensamos eso, vamos al suelo de cabeza. El contexto es difícil, lo sabemos. ¿La “herencia” es dura? Siempre lo es, al menos en este caso no hay sorpresas, lo peor son las herencias envenenadas, las que estallan en determinado momento pero que llevaban la mecha prendida desde hacía tiempo y se les había estado echando más pólvora durante años.
Miremos adelante, porque es el único camino. No nos estrellemos, al menos no por estar tan pendientes de lo de atrás que nos perdamos los obstáculos o (peor) perdamos nosotros mismos el equilibrio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario