Estos días está dando muchas vueltas la iniciativa ciudadana llamada AritmÉtica 20N. El objetivo es impedir una mayoría absoluta (para el PP, dados los resultados de las encuestas) y romper la hegemonía PP – PSOE – CIU, los partidos con más votos. Para ello la idea es votar al partido más fuerte (sin incluir los anteriormente citados) en cada circunscripción electoral (hay una tabla detallada en su blog; por ejemplo, en el caso de Ourense el partido a votar sería el BNG). Con estoy se conseguiría que “no les saliesen los números” y estuviesen ocupados en pactar, mientras la ciudadanía continúa su r-Evolución.
De esta manera, también los abstencionistas y los partidarios del voto en blanco estarían poniendo de manifiesto su opinión de una manera más útil, sin favorecer al bipartidismo.
Esta campaña llega en un año intenso en cuanto a movimientos sociales, así que si en algún momento pudiese funcionar, sería en este.
No es la primera movilización de este tipo. Corrientes como la del voto en blanco llegaron incluso a dar lugar a un partido, el Partido Escaños en Blanco (que dejaría vacía la silla correspondiente en el Congreso o el Senado).
A pesar de que el voto en blanco (tradicional, de sobre vacío) favorece a los partidos mayoritarios, muchos nos hemos preguntado alguna vez ¿qué pasaría si toda una ciudad votase en blanco”. Saramago nos lo contó en “Ensayo sobre la lucidez”. La gran cantidad de votos en blanco hizo que el alcalde convocase unas nuevas elecciones una semana más tarde, lo cual solamente consiguió aumentar el porcentaje de este tipo de voto. De esta manera se emprenden diversas investigaciones y acciones (algunas de ellas reprobables) con el fin de comprender el fenómeno, pero sobre todo movidas por el miedo a una revolución pacífica de unos ciudadanos cansados de la misma política de siempre.
Dicen que la realidad siempre supera a la ficción. Puede que el 20N nos llevemos una sorpresa. De todas maneras, pase lo que pase, las intenciones e ideales que se llevan moviendo cada vez con más fuerza estos últimos meses deberían ser motivo de reflexión y análisis acerca de cómo se están haciendo las cosas “en las altas esferas”, sin esperar a un resultado electoral que puede suceder o no. La revolución está cada vez en más corazones y eso es algo que no se puede ni se debe frenar.

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