Después de este parón (celebraciones, algún percance de salud, etc.) vuelvo a la carga para la recta final. Se acerca el momento.
Tras el anuncio del cese de la violencia por parte de la banda terrorista ETA las cosas podrían tomar un giro interesante en cuanto a temas de campaña, ya que durante muchos años el terrorismo casi encabezaba las encuestas sobre preocupaciones ciudadanas, situándose entre los cinco primeros puestos, lo que se reflejaba en los programas y discursos electorales.
Pero esta vez todo es diferente porque la economía y el paro forman parte de los problemas a los que cada día se enfrentan millones de españoles, y en esto se centra la pre-campaña, así que no creo que la campaña nos depare sorpresas en cuánto a temas.
No obstante, es innegable que es un paso adelante y que representa algo positivo, se diga lo que se diga, a la larga probablemente se recordará como un avance para la sociedad española (especialmente para los ciudadanos vascos y navarros, que convivieron durante años con esa difícil situación), por lo que podría utilizarse en una sección de campaña positiva. Porque este año es muy posible el predominio de las campañas negativas. ¿Es realmente necesario? Todos sabemos a qué nos enfrentamos cada día, recordarlo constantemente provocará reacciones emocionales sí, pero ¿es adecuado tomar decisiones cuando nos dominan la frustración, la desesperanza y demás sentimientos negativos? ¿Por qué no empezar regalando una sonrisa a los españoles? No hablo de prometer la felicidad (los españoles no necesitan promesas intangibles), ni de negar la situación, pero quizás un toque de luz en una campaña pueda marcar una diferencia interesante. En manos de los responsables de comunicación está.


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