martes, 8 de noviembre de 2011

Y la luz se hizo

Ayer, como millones de españoles, vi el debate en televisión. Y como millones de españoles y también extranjeros, lo viví en twitter. Fue lo más parecido a verlo en pantallas gigantes en la plaza del pueblo, pude leer (y escribir, no fui solamente observadora, me pierde la libertad de expresión) las impresiones del "público" al momento. 



¿Qué es lo que más destaca la gente? El nivel de patio de colegio que se alcanzó en algunos momentos. Si bien es normal alguna interrupción o interpelación dentro del debate, alguien debería contar los minutos que pasaron hablando a la vez. Ese tiempo se podía haber aprovechado para hablar de temas que importen a los ciudadanos, no para "usted miente", "escúcheme", "no, no, no", "sí, sí, sí" y demás palabras que solo son eso, palabras, no mensaje. 



Que si Rubalcaba estaba nervioso (no es fácil tampoco ser candidato del partido gobernante y defender el fuerte, la oposición parte con ventaja en estos casos siempre, nunca hay un gobierno perfecto), que si Rajoy leía mucho (no podía ser de otra manera, el fallo estaba en la cantidad de datos que daba, muchos españoles hubiesen preferido otra manera de contar las cosas), que si el moderador estaba hierático... Impresiones compartidas por muchos usuarios de las redes sociales, pero hubo más detalles llamativos.
El terrorismo, por ejemplo, tema de campaña siempre, no salió hasta el segundo bloque, y más cerca del final que nunca. El contexto es mejor que en anteriores elecciones. Por suerte, ambos candidatos se mostraron de acuerdo en colaborar para el fin definitivo de la violencia. Pero el tema no dió más de sí. 
En temas de sanidad y enseñanza, que preocupan a los españoles a causa de los recortes que se están realizando y que pueden seguir aplicándose tras el 20N, los ciudadanos nos quedamos como estábamos. Muchos "usted no me entiende", "usted dijo", "yo no dije" pero seguimos sin saber qué va a pasar. 
Quizás también sea porque en ese apartado del debate se habló de economía. Y en todos. Está claro que es el tema que más preocupa a los españoles, pero tuvo su momento, los ciudadanos también querían oír hablar de otras cosas. Citando a Rubalcaba "los cinco millones de parados esperan que usted y yo les digamos algo más que que están parados". Sí, pero eso no pasó. La "clase de economía" que, según el candidato socialista, Rajoy estaba impartiendo hizo que los comentarios en las redes sociales se tornasen en preguntas como "¿qué son los activos tóxicos?". Y es que en determinado momento el nivel de la conversación subió hasta un extremo indignante si tenemos en cuenta que la vida cotidiana de la mayoría de los españoles depende de las gestiones económicas del futuro gobierno pero no se estaba entendiendo nada.



Clases de historia, también. Tanto Rubalcaba para contextualizar la crisis como Rajoy para argumentar en casi todo volvieron al pasado (llegando hasta 1992, un salto de veinte años nada menos) constantemente. Pero el público no quería oír hablar de pasado, sino de futuro. Lo que ya ha sucedido no se puede cambiar, lo que sí puede elegirse es el futuro, pero si no nos dan datos, es difícil hacer una elección racionalmente fundamentada. 

Se comentaba por las redes que se echaba en falta a la niña de Rajoy. Bien, esta vez la iluminación fue otra. Literalmente. Cuando Rajoy habló de la importancia de las diputaciones provinciales (tema que muchos españoles viven de cerca porque en muchos sitios las diputaciones están haciendo algo más que prestar servicios a los pueblos pequeños, como apuntaba el candidato del Partido Popular), muchos gallegos, especialmente pontevedreses, estallaron en carcajadas al escuchar que él había llevado allí la luz eléctrica. Esa personalización al intentar encaminar su argumento de la utilidad de las diputaciones fue un gran error. Si quería personalizar, no debería haberlo hecho en primera persona. Pronto empezarán a surgir las páginas de facebook (si no lo han hecho ya) como "Na miña casa tampouco tiñamos luz ata que chegou Rajoy" ("En mi casa tampoco teníamos luz hasta que llegó Rajoy"; lo puse en gallego porque algo me dice que muchas de las reducciones al absurdo serán en gallego). 
Si bien es cierto que, al menos en Galicia y Pontevedra. no olvidarán esa parte del debate. El tratamiento posterior de esas declaraciones podría incluso revertirlo en positivo si se sabe hacer.



Para finalizar, unos detalles del tratamiento que se dieron entre ellos. 
Poco adecuada la intencionalidad maliciosa de Rajoy al llamar "Rodríguez Rubalcaba" a su oponente. Denota desprecio y transmite que piensa que el candidato socialista es "más de lo mismo". En un debate político serio no debería tener cabida el tratamiento negativo hacia el adversario, si hay que atacar, se atacan ideas o hechos, no a la persona.
Por otra parte, peligroso juego el de Rubalcaba hablando (durante el primer bloque especialmente) en futuro y no en condicional, refiriéndose a Rajoy como futuro presidente. Esta táctica puede servir para movilizar a los votantes socialistas para evitarlo, pero también puede traer consecuencias negativas, como la visión del socialista como un candidato que ya se ha rendido. 
También fue muy comentada la tendencia de Rubalcaba a preguntar cosas al candidato del Partido Popular, y se le pariodió como un intento de periodista, pero en realidad finalizar sus intervenciones con preguntas a su oponente solo era una forma de llevar el ritmo de las intervenciones de Rajoy si este le contestaba a lo que pedía, controlando así el uso del tiempo del contrario.





Mi opinión es que si ayer a las cuatro de la tarde se hubiese preguntado a la gente "¿quién cree que va a ganar el debate?" y esta mañana "¿quién ha ganado el debate?", en un gran porcentaje de casos la respuesta coincidiría. La mente ve lo que quiere ver. Los que tienen el voto decidido no lo iban a cambiar, buscaban reforzar actitudes. Pero los indecisos que han visto el debate esperando encontrar información que les ayudase a decidir se han quedado como estaban. O quizá no. Quizá han comenzado a plantearse dar su voto a los partidos políticos que no estaban sentados a la mesa ayer por la noche. Y en ese caso, el debate sí ha servido para algo.

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