"La que nos espera". Son las cuatro palabras que más he leído y escuchado desde que a finales de julio se anunciase el adelanto electoral. Cada día más gente las utiliza para cerrar una conversación sobre política, economía, sanidad, educación... Sirven como comentario a cualquier noticia.
Se supone que expresan un descontento por el que será el resultado de las elecciones del próximo domingo. No es una persona, ni dos, ni tres. Si tanto miedo hay a la que (según las encuestas) nos espera, ¿no deberá reflejarse en las urnas? ¡Aún no ha sucedido! Cada una de esas personas tendrá un sobre con una papeleta elegida personalmente, y la suma de todos esos votos es lo que dará el resultado, no las encuestas. Nunca se sabe. Si todos los que quieren evitar lo que temen ponen su voto, se evitará. Lo que suceda el día 20 es responsabilidad nuestra (se supone que ya no van a perderse papeletas, ni van a votar los muertos...), así que está en nuestras manos.
Luego pasa como en las municipales, había muchísima gente descontenta con cómo quedaron repartidos los colores en España, pero resulta que nadie les votó. ¿Ah, no? ¿Y entonces? ¿Cómo ganaron? Eso en mi carrera se llama espiral del silencio. Y el silencio no nos va a regalar nada.
El domingo tendremos lo que merecemos, al menos lo que la mayoría considere que merecemos. Pero esa mayoría no existe todavía, aún está por crear. Así que...la verdad estará ahí dentro, dentro de las urnas.

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